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Así es el primer día en una secta

primer día en una secta

¿Alguna vez te has preguntado cómo es el primer día en una secta? ¿Cómo logran atrapar a tantas personas en el mundo? ¿Te intriga saber qué es lo que te cuentan?

Poco después de conocerse el rescate en Perú de la joven ilicitana Patricia Aguilar, captada desde hacía año y medio por la secta Gnosis, numerosas fachadas del centro de Alicante amanecieron con carteles anunciando charlas y cursos de la autodenominada Asociación Cultural Gnóstica de Estudios Científicos y Filosóficos.

El autor de esta web, periodista de profesión, asistió a una de esas sesiones y aquí relata cómo fue su toma de contacto con esta organización.

Mi primera día en una secta
El cartel de Gnosis en la fachada de su sede en Alicante

“La cita era a las 19.00 horas en la céntrica calle San Vicente. El local de Gnosis en Alicante se halla entre una tienda de persianas y una frutería.

Un cartel exterior en la entreplanta, con el nombre, el logo, dos teléfonos de contacto y el número de registro nacional, identifica el lugar.

No hizo falta tocar el timbre. Delante de mí ya estaba abriendo la puerta una pareja con cuatro niños. Ella, de origen latino, y él, a primera vista, español. Intuyo que van al mismo sitio que yo, por lo que enfilo las escaleras tras ellos.

En efecto, son de los habituales. Les recibe cariñosamente un hombre de los que es difícil adivinar su edad, pero que andará entre los 40 y los 50; de aspecto afable, rechoncho, con gafas y vestido con pantalones de pinza y camisa a rayas azules y blancas.

Es Carlos, el maestro de ceremonias, al que estrecho la mano y me presento por mi nombre real.

“¿Tú viniste hace ocho días?”

“No, es mi primera vez”

“Bienvenido, siéntate donde quieras”.

La habitación a la que se accede nada más cruzar el umbral de la puerta, y donde se va a desarrollar el acto, es pequeña. Cuatro hileras con tres sillas de plástico cada una anticipan que la asistencia no suele ser muy numerosa.

Tomo asiento en el centro de la tercera fila. A mi derecha, una pared pintada íntegramente con la imagen de una mujer con alas de ángel que sujeta a un bebé.

Un león, fuego y una serpiente son otros de los elementos que acierto a ver en el mural mientras que Carlos me pregunta si vivo por la zona y si me enteré del “curso” gracias a los carteles. Afirmativo.

Al fondo, una televisión plana, una pizarra de cristal tintado y una mesa sobre la que descansan tres folios. El guión de la conferencia.

A la izquierda, donde se han agrupado disciplinadamente los niños, un aparato de aire acondicionado funcionando a 22 grados; un cuadro astrológico y otro con una frase y una imagen del “maestro” Samael Aun Weor, seudónimo del escritor esotérico colombiano Víctor Manuel Gómez, que fundó el movimiento neognóstico.

Un apunte inquietante: Samael es un nombre de origen judío que significa “veneno de Dios”. Según la mitología, Samael es el Ángel de la Muerte. De eso me enteré un día después de mi visita y gracias a Google.

Carlos pregunta a la mayor de las niñas si piensa quedarse a la charla o se va a ir a dibujar y pintar con el resto. Opta por lo segundo. Una mujer de mediana edad hace las veces de canguro y se lleva al chiquillerío a otra estancia.

Entretanto ha llegado una pareja colombiana. La mujer departe con el anfitrión en los cinco minutos de cortesía previos al inicio del acto.

De lo poco que puedo escuchar de su conversación es que Carlos le comenta a su paisana que él es natural de Pereira.

Una señora de la casa ejerce de ama de llaves y se sienta en la última fila para abrir la puerta a los que llegan a la conferencia una vez iniciada, entre ellos un joven que resultó ser el autor de la pintura de la pared.

Secta Gnosis
La puerta de entrada al local de la secta Gnosis donde tuvo lugar mi primer día en una secta

Ese dato vino a confirmar mi sensación de que estaban todos en “familia” y yo era el único “intruso” en la sala. De hecho, hasta tres veces me preguntó el anfitrión mi nombre a lo largo de la sesión.

La segunda fue usando la fórmula de “¿Te llamabas Pablo, verdad?”, en lo que yo entendí que era una manera de comprobar si yo mantenía mi discurso.

“No, Pablo no, me llamo Juan”.

Carlos explica que el curso se compone de 17 charlas y 5 actividades. Para poner al corriente a los “nuevos”, comienza resumiendo la anterior ponencia, que versó sobre “La Ley de Atracción” desde la óptica gnóstica.

A partir de ahí, arrancó un discurso sobre lo que es Gnosis y sus tesis y postulados. Un batiburrillo de teorías esotéricas donde lo mismo se cita a Einstein que a Walt Disney, los incas o la película Matrix.

El mensaje central, que se repetiría varias veces durante la conferencia y sirvió también como colofón, es una invitación abierta a abandonar el raciocinio.

“Debemos guiarnos siempre por el corazón, no por la mente. Tenemos 60.000 pensamientos al día y cada uno de ellos va por libre. Como no podemos dominar la mente, es mejor guiarse por lo que nos dicta el corazón”, subrayó Carlos.

Anulación de la razón. De manual de primero de sectas.

Antes de eso, el profesor preguntó a varios del público “quiénes eran” en un sentido filosófico. Como si de una lección aprendida se tratara, los interpelados para mi sorpresa, me libré del marrón contestaron que andaban buscando respuestas o el sentido de la vida.

“Todos estamos aquí porque sentimos que nos falta algo”, proclamó Carlos.

Después hablaría de las siete dimensiones -el ser humano está en la tercera, dijo-; de que “tenemos 108 vidas“; del kundalini y los viajes astrales; la alquimia; los chakras; el aura; la transubstanciación…

Hubo lugar también para el sexo, uno de los aspectos que los expertos en sectas destacan que más trata de controlar Gnosis en sus adeptos.

Eyacular no es bueno, defendió Carlos. Su teoría es que si un solo espermatozoide es el que fecunda el óvulo para crear la vida, desperdiciar los “tres millones” que hay en cada “lanzada” es una pérdida de energía. Esa fuerza tan potente, según Gnosis, debe quedarse dentro del cuerpo.

Aunque hizo una parada por si alguien tenía alguna, me quedé con las ganas de preguntar cómo se procreaba en tal caso. Admito que ante el silencio reinante me cohibí, aunque lo último que deseaba era llamar la atención en mi primer día en una secta.

Todos parecían aceptar aquello como lo más lógico y normal del mundo.

En mi cabeza rondaba la idea de que quizá en sesiones más avanzadas te pudieran decir que sólo los líderes o maestros son los únicos capacitados para llevar a cabo la magia sexual con la que las adeptas quedan embarazadas sin semen. Vaya usted a saber…

Su premisa de que eyacular es malo no evitó que, al explicar los cuatro pilares de Gnosis (“Ciencia, Arte, Filosofía y Religión”), el ponente afirmara sin sonrojo alguno que los gnósticos “somos científicos”.

“Sabiduría total”, se leía escrito en rotulador verde en la pizarra del fondo.

El maestro gnóstico anunció que, a lo largo del curso, se programan salidas a la naturaleza para actividades tales como “abrazar árboles”, algo que sirve, dijo, para “descargar nuestra carga negativa y absorber su energía y sabiduría”.

La charla concluye con una sesión de meditación. Carlos nos pide formar un círculo con las sillas mientras se va a buscar un encendedor de cocina y una vela que sitúa en el centro, sobre el suelo.

Apagan las luces y el aire acondicionado. Eso y las sombras temblorosas de los presentes proyectadas sobre la pared por la lumbre del cirio me hacen empezar a sudar.

Durante unos largos siete minutos, a instancias del profesor, la docena de participantes encadenamos respiraciones profundas y el cántico de mantras. Primero el I y luego el OM, con los ojos cerrados. Los míos, entreabiertos.

La extraña e inquietante situación me trae a la cabeza irremediablemente una de esas típicas escenas de las películas de terror que tanto me gustan. Vivirla en persona es otra historia.

Por suerte, desde el otro lado de la puerta, se escucha de fondo a los niños entonar alguna canción animada.

Los tres últimos minutos fueron para escuchar nuestros propios latidos del corazón en un pretendido pleno silencio. Un silencio interrumpido por el timbre, que volvió a sonar.

Era una mujer de unos treinta y tantos, también sudamericana y que, según me pareció entender, venía para impartir clase o recibirla en un “siguiente turno” cuya existencia yo desconocía.

Por fin, se enciende la luz. El maestro de ceremonias acaba animando, de nuevo, a no pensar ni actuar con la razón sino con el corazón.

Todos se levantan, pero nadie hace ademán de marcharse. Permanezco de pie, indeciso, durante unos eternos segundos, hasta que por fin me despido de Carlos.

“Muchas gracias por todo”.

“De nada. Espero verte por aquí el próximo día”.

Va a ser que no. Uno es que tiene la costumbre de usar la cabeza.

La puerta de entrada al local de la secta Gnosis
La calle donde se ubica el local de Gnosis en Alicante

ACTUALIZACIÓN: Poco tiempo después de escribir cómo fue mi primer día en una secta, leí en las noticias que Gnosis se desmarcaba de las acciones llevadas a cabo por su ex miembro Félix Esteban Manrique, el hombre que captó a Patricia y otras dos mujeres más con las que también tuvo hijos.

Uno de los motivos por los que Gnosis le expulsó es que quería repoblar el mundo con su descendencia, la única que según él sobreviviría al apocalipsis, y al eyacular estaba trayendo el mal al mundo.

Para mear y, en este caso sí, no echar gota.

Foto superior: Pilar Cortés